BTX IV

Hch. 8.36 ¿Qué me impide... Quizá los pensamientos del eunuco se centraban en Dt. 23.1: No entrará eunuco ni castrado en la congregación de YHVH. Había venido desde tan lejos a adorar, pero su condición le impedía ni siquiera acercarse al Atrio del Templo. Probablemente leía a Isaías: Ni diga el eunuco: ¡Árbol seco soy! Porque así dice YHVH a los eunucos que guardan mis sábados, que escogen lo que me agrada y son fieles a mi pacto: Les daré cabida en mi Casa y dentro de mis muros, un nombre mejor que el de hijos e hijas: Memorial perpetuo que no será cortado (56.3b-5). Quizá por eso preguntó: ¿Qué me impide ser bautizado?