Si, en línea general, la fe está considerada como una relación y una actitud personal hacia Dios, entonces las referencias respecto a ella en el AP no revisten primordial importancia, por cuanto desde el punto de vista teocéntrico, gran parte del interés antropológico es secundario. Tal como se desprende del texto, la fe es siempre una reacción humana ante la acción divina previa. Considerando inicialmente que la estructura religiosa era colectiva, resulta difícil entonces que la vida espiritual pudiera expresarse comunitariamente. Solamente cuando el individuo logra liberarse de las ataduras colectivas, es cuando comienza a aparecer la riqueza en el uso de la fe, en base a las experiencias propias del individuo. Solo entonces el texto dedica especial atención a la actitud del hombre en sus expresiones personales hacia Dios. Otro factor descollante, que no se puede pasar por alto, es el hecho asombroso de que dos grupos de significado, básicamente diferentes y hasta contradictorios, surgen por la aplicación de dos palabras que definen dicha relación entre el hombre y Dios, esto es, por una parte temor, y por la otra confianza. Desde el principio de la revelación bíblica, estas palabras retuvieron su valor contradictorio, pero aun así, manteniéndose muy cercanas, y en oportunidades fundiéndose entre sí, de manera que el temor de Dios llegó a ser una expresión de fe muy concreta. 

Fe en el Nuevo Pacto. En el texto del NP (no sin diferencias), fe es el término principal que define la relación entre el creyente y Dios. Sus formas en el griego tienen una amplia gama de aplicaciones e identifican la palabra:

a. Con el sentido básico de creer (definida en He 11.1-3).

b. Con el significado de obedecer (tal como se enfatiza particularmente en He 11.4-40).

c. Como confianza (connotación frecuentemente combinada con la fe).

d. Como esperanza (relacionada con la confianza).

e. Con sentido de fidelidad.

De estas aplicaciones resultan los siguientes grupos de significado: 

1. Fe, como expresión de lo invisible e intangible que, en la presente dispensación marca un hito, de punta a punta, de principio a fin (de fe a fe), de todo el plan de Redención (Ro 1.17; He 12.2). 

2. Fe, como una operación que justifica al judío (en base a su fe) de manera distinta del gentil (mediante el don de la fe →Ro 3.30), que incluye el arrepentimiento y la esperanza, bien sea por concesión a estos o exigencia a aquellos. 

3. Fe como patrimonio del israelita. Los evangelios exhiben la fe como una virtud personal que califica la vida espiritual y moral inherente al israelita (Mt 9.28-29). En ese contexto es que Jesús exhorta (Mr 11.22), reclama (Mt 8.26), cuestiona (Mr 4.40), condiciona y alaba (Lc 7.9), califica (Mt 17.14-20), actúa y recompensa (Mt 9.2, 22), a sus connacionales según las exigencias que les compete como Pueblo Escogido. 

4. Fe, como don gratuito, único medio para la salvación de los gentiles (Ef 2.8), y del remanente israelita (Ro 11.5). 

5. Fe como carisma del Espíritu (1Co 12.9); en este caso dado por medida como uno de los instrumentos para la obra del servicio (Ro 12.3). 

6. Fe como la doctrina (Ro 6.17; 12.6), dada una vez a los santos (Jud 1.3). Tal es el sentido del genitivo la fe de Jesús en Ro 1.5 y Ap 2.13, y tal su aplicación en Ef 4.5. 

7. Fe como fidelidad, fruto del espíritu del creyente para agradar a Dios (Ga 5.22). Estos son algunos de un mayor número de ejemplos que pueden surgir de estudios más extensos. 

 Abreviaciones