BTX IV

Gn. 4.7-8 Si ofrendaras... puedes beneficiarte... El significado aquí puede resultar diametralmente opuesto, según jatat se traduzca como pecado (Nm. 5.6) o como ofrenda del pecado (Ex. 29.14, 36; 30.10; Lev. 4.21, 24; 5.9, 11, 12; 10.19; 14.22, 31; 15.15, 30; 16.9; etc.) La ofrenda solo puede ser aceptada en razón de la sangre derramada de un animal, ligada al pecado personal del oferente. Adam y Havah, habiendo oído el Evangelio (Gn. 3.15), entendieron qué clase de ofrenda exigía su cobertura (Gn. 3.21; Ap. 13.8), y así lo aceptaron (Gn. 3.20), y lo enseñaron a su descendencia (Gn. 4.4). Abel obedeció (He. 11.4), pero Caín, con pleno conocimiento de causa (Gn. 4.7a), presentó como ofrenda un regalo en lugar de una víctima vicaria. El contexto (Gn. 4.3-5), referido siempre a la ofrenda del pecado (no al pecado mismo), indica que teshuqá debe entenderse en sentido positivo (anhelo, deseo) y no negativo (codicia, acecho).