BTX IV

Mt. 14.2; Mr. 6.14 actúan sobrenaturalmente... Jac. 5.16; Ga. 2.8; 3.5; 5.6; 1Ts. 2.13; 2Ts. 2.7; 1Co. 12.6, 11; 2Co. 1.6; 4.12; Ro. 7.5; Ef. 1.11, 20; 2.2; 3.20; Fil. 2.13; Col. 1.29 energizada... energizado... energizando... energizó... El vocablo energéo aparece 21 veces en el NP y siempre se emplea para referirse a una actuación sobrenatural, ya sea en sentido positivo (el de Dios), como en el negativo para apuntar la actividad del príncipe de la potestad del aire y los poderes hostiles a Dios que esclavizan y actúan en el hombre (2Co. 4.12; 2Te. 2.7; Ro. 7.5; Ef. 2.2). 

Casi todas las menciones ocurren en los escritos paulinos. Los evangelistas Mateo y Marcos lo utilizan para hacer mención a los poderes que actuaban sobrenaturalmente en el Señor Jesús, en los pasajes que narran los acontecimientos de la muerte de Juan el Bautista (Mt. 14.2; Mr. 6.14). 

En su expresión positiva, energéo refiere de una manera significativa la acción de Dios, directa e indirecta. Así, vemos que Dios energiza todas las cosas (1Co. 12.6; Ef. 1.11); energiza poderes (Ga. 3.5), el querer y el hacer (Fil. 2.13) en el creyente. Conforme a la energía de su poder (Ef. 1.19; Fil. 3.21), Dios energizó a Cristo al levantarlo de los muertos y sentarlo a su diestra, y según la energía de su poder transfigurará el cuerpo de nuestra humillación, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya. También energizó a Pedro y a Pablo para el servicio del apostolado (Ga. 2.8). Este poder es el que está energizando a cada creyente (Ef. 3.20), momento a momento, pues cuando somos débiles, entonces somos fuertes. Porque Su gracia nos es suficiente y el poder es perfeccionado en la debilidad. Por tanto, gustosamente nos gloriaremos más bien en nuestras debilidades, para que resida en nosotros el poder de Cristo (2Co. 12.9, 10b).

Energiza, indirectamente, la súplica (Jac. 5.16), la fe recibida en el amor de Cristo (Ga. 5.6), y también, por la paciencia en los sufrimientos, la consolación con la que somos consolados (2Co. 1.6).

El creyente es energizado por la Palabra de Dios (1Ts. 2.13), de allí la importancia de la lectura bíblica diaria y su meditación, para la utilización correcta de la espada del Espíritu (Ef. 6.17). Y esto, para que nuestro servicio no sea vituperado, abundando en palabra de verdad, en poder de Dios mediante armas de justicia, las de ataque y de defensa (2Co. 6.3-7). Y juntamente con los dones que energiza el Espíritu (1Co. 12.11), edificarnos mutuamente para crecer hasta ser un santuario santo en el Señor (Ef. 2.21; Col. 2.19b).