BTX IV

1P. 4.11  sirve... 2Co. 11.8 servicio... Ro. 16.1 servidora... 1Ti. 3.8 servidores... Gr. diakonía, diákonos, diakonéo. El significado básico de estas tres palabras se orienta fundamentalmente hacia el servicio: servicio, servidor y servir, respectivamente. A través de los siglos, en la creciente institucionalización de la iglesia, estas sencillas palabras sufrieron una transformación. Por ejemplo, la palabra diakonéo llegó a señalar una actividad sagrada: ministrar, en lugar de servir. El vocablo diákonos se convirtió en un oficio eclesiástico a pesar de que tal idea está ausente en los escritos del NP; se lo transliteró como diácono, en vez de traducirlo sencillamente servidor. Desde los siglos XVI-XVII (y hasta el día de hoy), las estructuras de poder influenciaron fuertemente para que este vocablo fuera traducido erráticamente por ministro.

En su sentido más básico, diakonéo significa atender a la mesa y de manera amplia, servir. De ninguna manera puede entenderse como oficio ni como cargo, sino como una función. Ya en el judaísmo (a diferencia del mundo griego), el servicio se entendía como una actividad digna, por lo que se le dio más importancia.

Sin embargo, no es sino hasta la aparición del Señor Jesús que tanto el concepto de autoridad como el de servicio reciben una nueva y profunda definición: el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, será vuestro esclavo (Mat. 20.26 ss.). En el NP el servicio es revalorado, elevado a un rango insospechado, y transformado en un factor esencial para el perfeccionamiento individual y comunitario. Jesús equipara el servicio con el amor de Dios: El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos (20.28).

Con Jesús el sentido básico de diakonéo de atender a la mesa (Lc. 17.7 ss.; Jn. 12.2) da un asombroso vuelco cuando el amo que regresa, recompensa a sus esclavos atendiéndolos personalmente (Lc. 12.37). Jesús mismo está presente de manera semejante como el que sirve (Lc. 22.27). El Hijo del Hombre, quien es también Señor del Reino, establece e inaugura un nuevo modelo de relaciones humanas que va desde atender a la mesa hasta lavar los pies (Jn. 13.1-17).

Además, diakonéo abarcaba el abastecimiento, preparación y organización de las comidas (Hch. 6.2) para que la diakonía (servicio) de la Palabra (Hch. 6.4) pudiera crecer sin obstáculos y lograra así el éxito alcanzado.

Pero esto de ninguna manera significó que el servicio a las mesas (amor en acción) fuera inferior al servicio de la Palabra (proclamación del amor), sino que lo hacía posible. Como tampoco se desprende de esto que los que servían a la Palabra se constituyeron en una élite especial y sagrada jerárquicamente superior a los demás. Tampoco significó que se elevaba la figura de los apóstoles como portadores de la revelación, ya que ellos mismos son ejemplos de servicio sacrificado.

El servir abarca muchas actividades (Ro. 16.1; He. 6.10; 1Ti. 4.6; 2Ti. 1.16-18). El servicio a los demás es servicio a Cristo. La senda que lleva a los creyentes a la verdadera grandeza es hacerse servidores e incluso esclavos de todos (Mr. 9.35; 10.42). La casa de Estéfanas es un ejemplo magnífico de una vida entera dedicada al servicio de los santos (1Co. 16.15). La obra del servicio (Ef. 4.12, 16) no es tarea de un grupo en particular, sino que debe ser llevada a cabo por todos los santos para la edificación del cuerpo de Cristo. Por último, el servicio a los demás, como muestra suprema de amor, puede conducir incluso hasta la muerte misma (1Jn. 3.16; Fil. 2.30).