BTX IV

El calendario es un sistema de medida del tiempo por medio de ciclos astronómicos importantes, los días (rotación de la tierra sobre sí misma), meses (períodos de las fases lunares) y años (traslación de la tierra alrededor del sol) y la combinación de estos tres conduce a varios tipos de calendarios: solares, lunisolares o lunares. En la actualidad, la mayor parte de los calendarios tienen por referencia el solar. Desde tiempos remotos, el mes lunar tuvo gran importancia debido a que las fiestas y solemnidades se fijaban tomando como base las fases de la luna, y junto con el solar, los tiempos de cosecha (primavera y verano →Gn. 8.22; Ex. 23.16) ajustaban el año adicionando un mes si hacía falta: calendario lunisolar.

El hombre ha trastocado tanto la manera de contar el tiempo que ya no sabe en que día vive.  A lo largo de la historia podemos ver la diversidad de calendarios utilizados y sus incongruencias. Pero, ¿que nos dice la Biblia al respecto? ¿Cómo Dios cuenta el tiempo?

Elohim hizo la luna para las fiestas solemnes (Salmo 104.19a) y estableció las leyes de la luna y de las estrellas para alumbrar de noche  (Jer. 31.35). YHVH le dijo a Moisés que el mes de Abib (posteriormente llamado Nisán) sería el principio de los meses del año (Ex. 12.2; Dt. 16.1) y que cada novilunio (o luna nueva) sería el principio o cabeza del mes (Ex. 40.17). En los novilunios no se trabajaba (Ez. 46.1) y se tenían que celebrar (Nm. 10.10) según el decreto ordenado (Nm. 28.11-14; 29.1-6; Ez. 46.6-7). Así lo hacían, pues tenemos los siguientes registros que lo demuestran: 1S. 20.27; 2R. 4.23; Am. 8.5. 

La clave de la corrección del año lunar y su armonía con el año de las estaciones debían encontrarse en las reglas que unen la pascua y la fiesta de los ázimos con Abib, el mes de las espigas (Deut. 16.1; Ex. 23.15-16a; 34.18), y con el comienzo de la cosecha.  Debía ofrecerse una gavilla de grano maduro como primicia durante la fiesta de los ázimos (Lev. 23.10-14), después de lo cual podía comerse de la nueva cosecha. 

El mes lunar (o lunación) es el intervalo de tiempo transcurrido entre dos lunas nuevas consecutivas y su duración es algo mayor de 29 días, pero nunca excede los 30 días. Luna nueva, también denominada novilunio  es una fase lunar que sucede cuando la luna se encuentra situada exactamente entre la tierra y el sol, de manera que su hemisferio iluminado no puede ser visto desde nuestro planeta. También es conocida como luna negra o luna oscura. Es el comienzo de cada mes bíblico pues la aparición de la astilla solo comprueba que el mes ya ha comenzado. Si utilizamos la manera de Dios de contar el tiempo observaremos que el ciclo de la semana no es continuo y viene interrumpido por el (los) día(s) de luna nueva. Así pues, el mes bíblico comienza con la luna nueva y es seguido por cuatro semanas completas. Cada semana contiene seis días de trabajo y un séptimo día, el shabbat. 

Para una mejor comprensión de lo que explicamos, presentamos un modelo de mes. Hemos escogido el mes de Tishri (7° mes) que este año es defectivo, es decir, de 29 días. Aprovechamos para marcar en él, las correspondientes fiestas solemnes decretadas por YHVH. Los meses perfectos o plenos (de 30 días) tienen como cabeza de mes dos día de luna nueva en vez de uno.

Por los descubrimientos arqueológicos, sabemos que las fechas de los documentos escritos en las tablillas de arcilla en Babilonia, muchos siglos después de David, no muestran ninguna sucesión fija de meses de 30 y de 29 días, y los cómputos babilónicos hechos con anticipación, con respecto a un mes definido, a menudo dejaban tal día de margen.