BTX IV

Job 38.32 Mazzarot... El TM registra este hápax con registro defectuoso (circellus masoreticus). Su significado no es unívoco: LXX acertadamente, translitera Masouroz; VUL registra Lucifer = Resplandeciente (Venus, Lucero del alba). Otros vierten Círculo o Corona (Borealis), otros, signos de los cielos, y la mayoría traduce planetas o constelaciones. Dada la antigüedad de este primer libro de la Biblia, debe preferirse el vocablo akadio manzaltu = constelaciones del zodíaco. La variante fonética, mazzalot (2R. 23.5), no encuentra objeción en ser traducida como signos del zodíaco (VUL duodecim signis). Sin embargo, esto no sucede así cuando el mismo vocablo aparece en Job. ¿Será acaso porque esta vez lo pronuncia Dios? Ante tal abanico de posibilidades, nosotros damos por resuelto el problema con su transliteración y debida nota. Por no estar el tema dentro del alcance de esta obra, basta decir ahora que, mediante la colocación (Gn. 1.17) y nombre dado a las estrellas (Sal. 147.4), unidas luego por líneas específicas (Sal. 19.4), Dios plasmó en los cielos su Plan de Redención (He. 13.20; Tit. 1.2), matizando con abundancia de detalles el proto-evangelio (Gn. 3.15), a fin de que las primeras generaciones nutrieran su esperanza (Gn. 4.26), mediante un discurso (Sal. 19.4), que, por su peculiar formato, llegaría a ser oído sin palabras por toda la humanidad en toda lengua e idioma (Sal. 19.3; 97.6). Tal es uno de los propósitos de las estrellas (Gn. 1.14-18), señalando solemnidades (Lv. 23.2 ss.), que anuncian, en ambos Advenimientos, lo ocurrido (Nm. 24.17; Mt. 2.2, 9-10), y por ocurrir (Jl. 3.15; Lc. 21.25; Mt. 24.30). 

El conflicto y el triunfo del Cuerno de Salvación, era ya conocido y proclamado por los profetas que fueron desde el principio del mundo (Lc. 1.69-71; Hch. 3.21) ¡dos mil quinientos años antes que la Escritura fuera recibida en la tierra! El inspirado apóstol confirma este asunto al relacionar la noticia (Ro. 10.17-18) que anuncia Isaías 53.1 con el Salmo astronómico (19.1-6). Que tales verdades astronómicas fueron pronto subvertidas en fábulas astrológicas (Gn. 11.1-9), no es de extrañar, pues ¿cuál verdad no ha deformado el Mentiroso? (Jn. 8.44). ¿Qué luz no ha tratado de cegar? (2Co. 4.4). Con la perversidad y astucia que lo caracteriza, Satanás no solo ha logrado desviar al hombre hacia una absurda astrolatría, sino que también priva al creyente, quien debería examinarlo todo (1Ts. 5.21), de conocer una de las muchas formas de hablar de Dios (He. 1.1), es decir, Mazzarot (Job 38.32), el cual describe detalladamente la gloria divina mediante maravillosos trazos que nos prosiguen anunciando (Sal. 19.1), la obra (Jn. 6.29) de Sus manos, confluyendo en la rúbrica magistral de su Autor Exacto, porque en la oración los cielos detallan la gloria de Dios hallamos la misma gematría exacta que en la palabra Jesús: ¡888! (§170). 

Pléyades... Heb. Kima del árabe Kum = el montón arriba o cúmulo. Aparece en Job 9.9; 38.31 y en Amós 5.8. Las Pléyades consisten en un grupo de estrellas pertenecientes a la constelación Tauro, que aparentan estar todas juntas. Las siete estrellas de las Pléyades son en realidad una agrupación de 250 soles. Fotografías de la NASA revelan que este grupo de soles ardiendo viajan todos juntos en una misma dirección. Así, Dios le pregunta a Job (38.31): ¿Atarás los lazos de las Pléyades?

Por otro lado Orión... es una de las constelaciones dependientes de Tauro. Es la más brillante de todas, y cuando llega al meridiano se hace acompañar de varias otras constelaciones cercanas de gran esplendor. Se produce entonces en el firmamento estrellado la vista más gloriosa que pudiéramos imaginar y, por cuanto la línea del equinoccio pasa por medio de Orión, este espectáculo se hace visible desde todo el mundo habitado. 

Esta constelación era perfectamente conocida en los tiempos de Job tanto por su nombre como su aspecto. Llegó a ser un objeto de conocimiento familiar en todo el período primitivo de la historia del mundo. Contiene 78 estrellas, dos de ellas de 1a magnitud, cuatro de 2a, cuatro de 3a, dieciséis de 4a, etc. Su nombre en hebreo es Kesil y significa impío, necio, estúpido, gigante. Los Tárgumes y la Peshita lo traducen como gigante, y para los asirios es Nimrod

La gran nebulosa de Orión (también llamado cinturón de Orión) está compuesta por una línea recta y casi perfecta de estrellas que están equidistantes entre sí: Alnitak, Alnilam y Mintaka. Estas tres estrellas azules supergigantes son más calientes y mucho más masivas que el Sol. Sin embargo, en el transcurso del tiempo, las dos estrellas Mintaka y Alnilam, se aproximan entre sí y formaran en el futuro una estrella doble a simple vista, pero la tercera estrella, Alnitak, se aleja hacia el este y la banda ya no existirá más. Estas estrellas parecían estar fijas en nuestro cielo, rígidamente alineadas para formar una línea recta. No obstante, la banda de estrellas se aflojará, exactamente como Dios le dijo a Job en 38.31: ¿Desatarás las ligaduras de Orión?

Aquí, Dios parece plantear un reto contrario a lo que le pregunta sobre las Pléyades, dando a entender el control que Él tiene sobre todas las cosas.

Cetus... Gr. kétos. Heb. livyatan = monstruo marino. El gran monstruo marino representa el enemigo natural de los peces. Entre las constelaciones, Cetus es la mayor de ellas, situada muy abajo, hacia el sur, es decir, en las regiones inferiores del cielo. Consta de 97 estrellas, de las cuales hay dos de 2a magnitud, ocho de 3a, nueve de 4a, etc. Los nombres de estas estrellas nos muestran de modo infalible el significado de la figura.

La más brillante, se llama Menkar, que significa enemigo encadenado. La siguiente se llama Deneb Kaitos = el caído, derrocado. La tercera, Baten Kaitos que significa: el vientre del gran pez. Otra, es Mira, que significa el rebelde. Su nombre es ominoso, porque esta estrella es una de las más notables. Es muy brillante, pero en 1596 se descubrió que es variable. Desaparece periódicamente siete veces cada seis años. Brilla mucho y compite en intensidad con Aldebarán (El Capitán) de la constelación Tauro, pero no puede mantenerlo y por tanto disminuye, hasta que desaparece a simple vista por algún tiempo. Pasa por varios grados en su magnitud, aumentando y disminuyendo. Desde tiempos muy antiguos se ha aceptado y reconocido a la constelación Cetus y a sus estrellas.

Pero, ¿qué se nos dice de él en la Escritura? Job proclama la soberanía divina sobre Cetus (8.3; 9.13; 26.12) y el Todopoderoso pregunta al hombre: ¿Sacarás con anzuelo al Leviatán, o sujetarás con una cuerda su lengua? ¿Pondrás aro en su nariz, o perforarás con un garfio su quijada? (Job 41.1-2). A continuación hace una descripción del carácter de este personaje (41.3-10) y no guarda silencio en el asunto de su fuerza incomparable (41.12), al describir lo que al parecer es un dragón (41.13-34) hecho para escarnio de los ángeles (40.19; 41.33).

Pero aquel a quien el hombre no puede vencer, es vencido por el Cordero como lo registra el Salmo 74.13-14: Tú dividiste el mar con tu poder, quebrantaste en las aguas las cabezas de los monstruos marinos. Tú aplastaste las cabezas de Leviatán, y lo diste por comida a los moradores del desierto. 

Y es así como los cielos narran los acontecimientos en la constelación de Aries (El Cordero) interviniendo en la liberación de los dos peces (constelación de Piscis) que Cetus tiene atados por las colas a través de un río de estrellas (constelación de La banda), porque con inteligencia hirió de muerte a Cetus y Su Espíritu limpió los cielos, su mano mató al dragón apóstata (Job 26.12).

Dragón... La serpiente representa al diablo como el engañador; el Dragón lo describe como el destructor. El Dragón es echado fuera del cielo (Ap. 12.9-10).  Nadie ha visto nunca un dragón, pero en todas las naciones (especialmente en China y Japón), y en todas las edades, encontramos dragones descritos en leyendas y representados en el arte pictórico. Ambos Pactos se refieren al dragón, y los dos lo asimilan con el gran enemigo de Dios y el hombre.

Es contra este dragón que el Dios Hombre, el Hijo de Dios va a la guerra. Es para él que está preparado el fuego eterno de la Muerte Segunda (Ap. 20.14). A él se refiere también Isaías, cuando dice: que YHVH sale de su morada para castigar la culpa del morador de la tierra y que Elohim traerá su espada santa, grande y poderosa, sobre el dragón, ofidio volador, sobre el dragón, ofidio perverso: Él matará al dragón (26.21; 27.1).

Y esto es exactamente lo que fue predicho por la constelación Draco. Su nombre procede del griego, y significa pisoteado como lo registra el Salmo 91.3: Pisarás al león y al basilisco, hollarás al cachorro del león y al dragón. 

En el Zodíaco de Denderah se muestra la serpiente bajo la pata anterior de Sagitario, y se le llama Her fent, que significa ¡la serpiente maldita!

Hay 80 estrellas en la constelación de el dragón: cuatro son de 2a magnitud, siete de 3a, diez de 4a, etc. 

La estrella más brillante se llama en hebreo Thuban, el astuto. Hace unos 4.620 años era la Estrella Polar. Es evidente, pues, que los griegos no podían haber inventado esta constelación, como afirman los astrónomos modernos. Es todavía una estrella importante en los cálculos náuticos, como guía en la navegación de los mares, y por tanto el dios de este mundo está representado como una contorsión alrededor del polo del mundo, como para indicar su influencia astuta en los asuntos de la humanidad. (Ef. 2.2-3). Otra de sus estrellas es Rastaban y significa la cabeza del astuto. En árabe todavía se llama Al Waid, que significa el que ha de ser destruido. También está Ethanin, esto es, la serpiente larga o dragón. El nombre hebreo de otras estrellas no identificadas son Grumian, el astuto; Giansar, el enemigo castigado. Otros nombres en árabe son Al Dib, el reptil; El Athick, el fraudulento; El Asieh, el postrado.

Y así, el testimonio combinado de cada estrella, sin una sola excepción en esta constelación (al igual que el de las constelaciones de cada uno de los otros signos), está de acuerdo con el testimonio de la Palabra de Dios respecto a la Simiente de la mujer, a Su herida en el talón y al aplastamiento de la cabeza de la serpiente, a los sufrimientos de Cristo y la gloria que vendrían tras ellos.

Es posible ver ahora, como la astronomía bíblica arroja luz sobre Mateo 12.40 cuando el Señor Jesús dice: porque así como Jonás estaba en el vientre de Cetus tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la Tierra tres días y tres noches. Jesús mencionó a la constelación de Cetus y a una de sus estrellas, específicamente a Baten Kaitos = El vientre de Cetus. El Libro de Job, habla también de los porteros de la muerte que tienen que abrir aterrorizados a Dios las puertas del Hades (Job. 38.17), cuando baja y exige que se abran, porque a Él abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y a sus ovejas llama por su nombre, y las saca (Jn. 10.3). 

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