BTX IV

Mt. 5.22; Mr. 9.43; Lc. 12.5; Jac. 3.6 gehena... Así españolizado por la Academia, este término es transliterado en muchas versiones de la Biblia. Está registrado exclusivamente en Evangelios y en la epístola de Jacobo. Las palabras hebreas Ben-Hinom, formaron el término griego gehenna. El topónimo hebreo describe un estrecho valle situado al sur de Jerusalén, el cual llegó a convertirse en un vertedero de basura. Allí eran lanzados escombros, desechos y animales muertos para ser quemados; motivo por el cual de allí salía fuego y una continua humareda. El sitio más ancho de este valle (llamado Tófet) era el lugar donde los habitantes de Judá llegaron a ofrecer sacrificios humanos al dios Moloc. En honor de este abominable ídolo, los reyes Acaz y Manasés quemaron allí incienso y le ofrecieron en sacrificio a sus propios hijos, haciéndolos pasar por el fuego (2Cr. 28.1-3; 33.1-6). Así, este lugar llegó a convertirse en figura escatológica del lugar de tormento y castigo para los adversarios de Dios. Estas horrendas prácticas fueron eliminadas por el rey Josías (2R. 23.10 →§214). Jeremías se refiere a Tófet como el Valle de la matanza, que no es otro que el Valle de la decisión, predicción del apocalíptico Armagedón. En todos sus registros, gehena se usa en lenguaje figurado en referencia a un lago que de manera inextinguible arde con fuego y azufre: La Muerte Segunda (Ap. 19.20).