BTX IV

Sobre la vida y la conducta (continuación)

Cuando te sientes a comer con un señor,

Considera bien al que está ante ti,

Y pon cuchillo a tu garganta,

Si eres dado a la gula.

No codicies sus manjares delicados,

Porque es pan engañoso.

No te afanes por hacer riquezas,

Sé prudente, y desiste,

Pues le echas una mirada, y ya no están,

Han echado alas como un águila que vuela a los cielos.

No te sientes a comer con el avaro,

Ni codicies sus manjares,

Porque según piensa en su alma, así es;

Come y bebe, te dirá,

Pero su corazón no está contigo;

Vomitarás el bocado que comiste,

Y habrás malgastado tus cumplidos.

No hables a oídos insensatos,

Porque despreciarán tus sensatas razones.

10 No remuevas el lindero antiguo,

Ni te metas en el campo de los huérfanos,

11 Porque el que los está redimiendo es fuerte,

Y pleiteará su causa contra ti.

12 Aplica tu corazón a la enseñanza,

Y tus oídos a las palabras sabias.

13 No escatimes corregir al muchacho,

Si lo castigas con vara, no morirá.

14 Lo castigarás con vara,

Y librarás su alma del Seol.

15 Hijo mío, si tu corazón llega a ser sabio,

También a mí se me alegrará el corazón,

16 También se alegrarán mis riñones,

Cuando tus labios hablen cosas rectas.

17 No tengas envidia de los pecadores,

Antes, persevera en el temor de YHVH en todo tiempo,

18 Porque ciertamente hay un porvenir,

Y tu esperanza no será frustrada.

19 Oye tú, hijo mío, y sé sabio,

Y dirige tu corazón por el buen camino.

20 No te juntes con los bebedores de vino,

Ni con los comilones de carne,

21 Porque el ebrio y el glotón se empobrecen,

Y el dormitar hace vestir harapos.

22 Escucha al padre que te engendró,

Y no desprecies a tu madre porque haya envejecido.

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24 El padre del justo se alegrará en gran manera,

El que engendra un hijo sabio se gozará con él.

25 ¡Alégrense tu padre y tu madre,

Y regocíjese la que te concibió!

26 Dame, hijo mío, tu corazón,

Y observen tus ojos mis caminos,

27 Porque hoyo profundo es la ramera,

Y abismo profundo la mujer ajena.

28 También ella, como salteador, acecha,

Y provoca traiciones entre los hombres.

29 ¿De quién son los ayes?

¿De quién las tristezas?

¿De quién las contiendas?

¿De quién el quejido?

¿De quién las heridas sin causa?

¿De quién los ojos enrojecidos?

30 De quien se alarga en el vino,

De los que van catando licores mezclados.

31 No mires al vino cuando rojea,

Y lanza destellos en la copa,

Porque fluye suavemente,

32 Pero al fin, muerde como una serpiente;

Pica como una víbora.

33 Tus ojos desearán la mujer ajena,

Y tu corazón hablará cosas perversas,

34 Y serás como el que está acostado en alta mar, 

Como el que duerme en el cabo de un mástil,

35 Y dirás: Me han golpeado y no me ha dolido,

Me han sacudido y no lo he sentido,

En cuanto despierte, volveré a pedir más.

 


23.23 TM añade v. Se sigue LXX →§194; §233

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