BTX IV

Gn. 1.1 En principio... Ni el hebreo ni el griego (TM/LXX) llevan el artículo. El texto no registra בהראשׂית = en el principio sino בראשׂית = en principio, dejando expresamente indefinido el momento de la creación visible, y así debe aceptarse y traducirse. Y mientras hay insistentes voces a favor de incluir el inexistente artículo, otros traductores (DHH) van más allá, y opinan que aun insertando el artículo definido, “...la frase parece flotar en el aire, y el lector siente que algo más debe añadirse, para indicarle de qué principio se trata”, y traducen: En el comienzo de todo, tratando de fijar el momento exacto de todo principio

Compartimos, en efecto, que la frase hebrea flota en el aire, pero, pensamos humildemente, que es precisamente allí donde se la debe dejar, porque en las tareas de traducción bíblica, poco importa lo que el traductor opina o lo que el lector siente, sino lo que Dios dice. Iniciar una versión añadiéndole al texto, no es comienzo honroso, especialmente si esta inserción resulta en un deslizamiento incontrolable. Nos explicamos: ¿Cuál es el principio de todo? De entrada, se han de considerar los distintos estados dimensionales (intemporales y temporales [cronos/kairos]; inmateriales y materiales, invisibles y visibles) referidos en la Escritura, los cuales ocurrieron, están ocurriendo y ocurrirán oportunamente; y ha de hacerse distinción entre la creatio ex nihilo de los universos (He. 1.2), de la eternidad absoluta inherente a la Deidad. La frase en el principio de todo propone un suceso que ocurre antes que nada. Inevitablemente, esto puede llevarnos a inferir que lo visible precedió a lo invisible, a lo angélico y ¿por qué no? al mismísimo Logos (en el supuesto negado que haya tenido uno). ¿Percibimos el peligro? Si, en cambio, el tema se trae a la luz del contexto, es posible observar que antes de la creación de Gn. 1.1, pudo haber sucedido la de Col. 1.16, que a su vez precedió (¿o incluyó?) la angélica (ya presente por cierto en la creación de los Cielos y de la Tierra →Job 38.4-7). Pero anterior a la creación invisible y angélica, está ese principio no definido por el profeta Miqueas (Mi. 5.2) y por el apóstol Juan (Jn. 1.1), y otros principios que probablemente acontecieron antes del principio de Génesis (He. 13.20; Tit. 1.2). 

Vemos así que el principio de Génesis 1.1 no es el principio de todo. Es en todo el Texto Sagrado (no solo en Génesis), donde podemos percibir el cuadro cronológico completo de las acciones divinas. Por ello, en este caso (y siempre), el traductor debe conformarse a y el lector conformarse con estas y otras aparentes inconsistencias, y dejar el castellano exactamente donde lo deja el hebreo y el griego... flotando en el aire

Elohim... El vocablo Elohim es un sustantivo común masculino plural intensivo que significa muy poderoso. La Escritura se inicia con la revelación de Dios como Creador del universo. Su pluralidad (Creadores →Ec. 12.1), se distingue en frases tales como hagamos a un hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, quedando inmediatamente clara su unidad: “... y Elohim creó al hombre a su imagen: A imagen de Elohim lo creó, macho y hembra los creó (Gn.1.26-27). 

Esta dualidad se percibe en Dt. 6.4: Oye, Israel: YHVH nuestro Elohim, YHVH, uno (ehadh) es. Si el propósito de la proclama hubiera sido fijar la idea de unidad absoluta de la Deidad, ciertamente el registro sería yahadh, que denota unidad indivisible; pero en su lugar el Texto Sagrado usa ehadh, vocablo utilizado con particular énfasis para definir un compuesto de partes unificadas, tales como: la tarde y la mañana, un día; los dos serán una carne; todos estos tienen un solo lenguaje; la pérdida de los dos en un mismo día; etc. Si la palabra uno se utiliza aquí con sentido de unificar, entonces el pasaje indica que YHVH (siempre en singular) nuestro Elohim (siempre en plural) es Uno. Es decir: pluralidad en unidad (§170 Número 1).

Ahora bien, a fin de transmitir este concepto con la mayor fidelidad, no hemos podido pensar en un recurso mejor que la transliteración para los nombres genéricos, propios (simples y compuestos) y los distintos títulos de la Deidad, pues en su primera acepción, Elohim se aplica a quien es objeto de adoración, indistintamente como Dios de la creación (Gn. 1.1) o Dios de Israel (Ex. 3.15). Elohim expresa además una pluralidad intensiva que el vocablo Dios no alcanza a transmitir, como tampoco lo podría hacer el vocablo Dioses, toda vez que menoscaba el concepto de unidad exigido, y finalmente, Deidad lo hace en perjuicio del género masculino inobjetable que registra el Texto Sagrado. Es evidente, pues, que la transliteración resuelve las limitaciones de la traducción, y así se ha realizado, haciéndolo extensivo a ’El, ’Elaj, Ha-Elohim y Ha-’El; al singular simple Eloah, al plural compuesto Elohim, y a los poéticos Elohenu y Elohey; excepciones hechas en los casos donde Elohim aparece con sufijo o complemento nominal, en los cuales se ha vertido Dios; o en la segunda acepción de elohim, donde se refiere a dioses paganos (Gn. 31.30; Ex. 20.23; Jue. 2.3, etc.) y, finalmente, en los casos donde el contexto indica una relación con jueces o seres angélicos (Sal. 82.1). 

Alef-Tav... Cuando se define, la partícula את corresponde al fenicio, entendiéndose como esencia/existencia. A este precioso significado, y a su relación como primera y última letra del alefato (alfabeto hebreo) con ΑΩ, se le ha adjudicado tan poco énfasis, que hoy meramente se reconoce como una simple marca de acusativo (nota acusativi). Ocurre 7.372 veces, de las cuales 44 están relacionadas con Elohim. La transliteración del nombre de las letras de este morfema (אתAlef-Tav en Gn.1.1, 16, 27; 2.8, 15; 3.24; 9.6; 22.13; 29.35; 31.12; Ex. 14.21, 25, 31; 20.1; Ec. 12.1 y Zac. 12.10 es teológicamente obligatoria. 

Creó... Heb. barah. Este verbo se utiliza en solo tres ocasiones en Génesis (una en 1.1 y dos veces en 1.27). El otro verbo más comúnmente usado es asah (lograr, efectuar, producir, hacer, llevar a cabo, rehacer, etc.) y aunque ambos transmiten la idea de hacer algo de una materia preexistente, el principal significado de barah es hacer algo de la nada (§149). Cuando ambos verbos son yuxtapuestos en los primeros versículos de Génesis, barah (creatio ex nihilo), debe diferenciarse de la nueva puesta en orden del cosmos (Gn. 1.3-2.4; He. 11.3) que siguió al caos (Gn. 1.2). 

Cielos... Tierra... Es importante diferenciar entre los Cielos y la Tierra creados (1.1 = He.1.2) y los cielos y la tierra hechos (1.8-10 = He. 11.3). 

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